Marea Blanca Aragon

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lunes, 21 de abril de 2014

Un reputado oncólogo explica cuál es la comida saludable de verdad 

 

En su libro Hábitos prodigiosos para vivir más y mejor (Ariel), el doctor David B. Agus (Baltimore, 1965), uno de los investigadores sobre el cáncer más reputados del mundo, sugiere una serie de pequeños hábitos que podemos modificar en nuestra vida diaria, sin demasiado esfuerzo, para
disfrutar de vidas más longevas y de mejor calidad. Entre ellos, destaca la importancia de comer “alimentos de verdad”. Esta es su opinión al respecto.
El mejor modo de resumir la triste necesidad de incluir esta regla consiste simplemente en citar un fragmento del libro de Michael Pollan El detective en el supermercado (Debate): “El hecho de que alguien tenga que escribir un libro aconsejando a las personas que ‘coman comida’ debería interpretarse como una medida de nuestra alienación y confusión”.
En efecto, cada día hay alguien que pregunta: ¿qué debería comer? La respuesta es muy simple: comida de verdad.
¿Y qué se considera comida de verdad? Con la excepción de las frutas y las verduras congeladas al instante, probablemente nada que lleve una etiqueta reconocida oficialmente donde se expliquen sus valores nutritivos pueda considerarse real, por irónico que suene. En las secciones de productos frescos, la carnicería y la pescadería del supermercado encontrará la comida de verdad. Apártese en cambio de los pasillos forrados de cajas y botellas y otros alimentos impostores que se presentan en bonitos envases. Si lee una etiqueta donde aparezcan los ingredientes que le resulta imposible pronunciar o definir sin la ayuda de un libro de texto de química para universitarios, devuelva el artículo a la estantería y ponga tierra de por medio. Concéntrese en consumir los alimentos en el estado más natural posible, cosa que también le ayudará a evitar ingredientes problemáticos a los cuales desconoce si tiene sensibilidad.
Y vigile también con los aparentes eslóganes pro salud. Si tienen que explicarle que un producto es bueno para usted (con descripciones como “light”, “sin colesterol” o “rico en antioxidantes”), probablemente no sea muy de verdad. Piénselo un instante: para que puedan formularse tales afirmaciones, el alimento debe envasarse y someterse a algún tipo de test o criterios para recibir el sello de aprobación. Y ello implica que es imposible que sea tan de verdad o natural como se pretende. El zumo de naranja, por ejemplo, se vende con multitud de eslóganes que promocionan su aspecto saludable (“la ración de vitamina C necesaria para un día”), pero una naranja calladita y solitaria descansando en el fondo de la cesta de la fruta hará más por su salud que un gran vaso de fructosa sin fibra.
 Muchas personas creen que comen de manera saludable porque compran platos congelados light, helado o yogur sin grasas, zumos de fruta 100% naturales, quesos bajos en grasas, barritas energéticas, refrescos light, aperitivos orgánicos de cien calorías y un largo etcétera. Si embargo, si observa el contenido nutricional de tales alimentos y el orden en que se listan los ingredientes (el cual refleja su importancia), es probable que se encuentre más azúcar, grasas saturadas, sal e ingredientes con nombres raros que ninguna otra cosa.
Y apunte más relativo a esta regla: cuando compre frutas y verduras, adquiera siempre las que sean de temporada. Si se descubre comiendo arándanos y variedades tradicionales de tomate en febrero o coles de Bruselas y kiwis en junio, entonces probablemente esté comiendo frutas y verduras que han caído de árboles demasiado lejanos. Para cuando la inmensa mayoría de frutas y las verduras llegan a las cajas y los pasillos de su supermercado de costumbre, no contienen ni de lejos la misma cantidad de nutrientes que cuando se recogen o se cosechan.





Fuente: elconfidencial.com


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