Marea Blanca Aragon

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lunes, 23 de junio de 2014

Carlos III: un médico para un hospital

 Ayer, día de fiesta, un sólo facultativo debía ocuparse de cien pacientes


Mientras las banderas de España ondean festivas en la pequeña pantalla de televisión al paso de los nuevos Reyes, Carmen y su compañera de habitación esperan a que llegue el médico. Son dos de las cerca de 100 pacientes, en su mayoría ancianos y enfermos terminales, ingresados en este jueves festivo en el Hospital Carlos III de Madrid. Un solo médico de guardia les atiende a todos según
han confirmado a este periódico los propios sanitarios del centro.
Carmen, de 90 años, es el nombre ficticio de una paciente a la que la periodista de EL MUNDO acude a visitar. Llegó el miércoles por la tarde después de pasar varias horas en las Urgencias de La Paz diagnosticada de una neumonía; su compañera hizo el mismo trayecto casi a la misma hora, aunque después de pasar cuatro días en un box.
Como confirma uno de los enfermeros del centro, los festivos y fines de semana un solo médico de guardia atiende a todos los ingresados en las tres plantas del centro («las otras tres están cerradas», apunta una de sus compañeras). Sólo dos enfermeros, dos auxiliares y un celador por planta atienden a una media de unos 30 ancianos. «Por la noche», se queja otra de las ingresadas, «he tenido que esperar casi una hora para poder ir al servicio y cuando ha venido la auxiliar me ha dicho la pobre que está sola para toda la planta».
Carmen espera desde hace horas que el médico de guardia acuda a su habitación por los dolores que le ocasiona una hernia abdominal, agravada por su tos. «Probablemente la vean ya mañana», reconocen los sanitarios, que admiten que si se producen dos urgencias al mismo tiempo en un día festivo «hacemos pito-pito-gorgorito». Aunque lo más probable es que el paciente tenga que hacer el trayecto de vuelta a La Paz, el hospital del que orgánicamente depende ahora el Carlos III.
La «reconversión» de este centro situado en Sinesio Delgado es una herencia del ex consejero Javier Fernández-Lasquetty, junto a sus planes de privatización de seis hospitales en la Comunidad. Aunque este extremo fue finalmente tumbado por los tribunales, el proceso de integración del Carlos III en La Paz reconvertido en un centro de media y larga estancia sigue su curso.
«Cuando denunciamos los problemas de gestión y organización que vive ahora el centro, la Consejería de Sanidad los atribuye a que todavía está en proceso de integración y echan balones fuera», explica a EL MUNDO África Díaz, delegada sindical de CSI-F, uno de los sindicatos que lleva meses denunciando este «desmantelamiento».
«Esto es ahora prácticamente un geriátrico y un centro de terminales», apunta otro de los sanitarios que trabaja allí desde hace años y que prefiere no ser citado por su nombre.
Ésta es la norma entre los trabajadores, que reconocen el miedo a represalias y denuncian las «amenazas veladas» que han recibido algunos de ellos («incluso médicos con plaza fija») si hablan con la prensa.
El pasado 17 de junio, los trabajadores asistieron a una asamblea informativa, porque, como señala la portavoz de CSI-F, viven en una situación de desinformación total y sienten la improvisación con la que la Consejería está cerrando algunos de los servicios del centro, hasta hace poco puntero; por ejemplo, en el tratamiento de determinadas enfermedades infecciosas como el VIH.
En la actualidad no hay ni UVI, ni siquiera quirófanos -más que para pequeños problemas dermatológicos o curas con poca importancia- y tampoco habitaciones de aislamiento para enfermedades graves como el Ébola, como denunciaba EL MUNDO en mayo. Precisamente en esas fechas, la Consejería sostenía que «el proceso de reconversión» del centro no había concluido. «Nosotros carecemos de información, pero es que da la sensación de que ellos mismos tampoco la tienen. Cada semana se van reuniendo y van decidiendo», apunta otro de los trabajadores.

Uno de los pasillos del hospital Carlos III completamente vacío.
 
Uno de los pasillos del hospital Carlos III completamente vacío.
El aspecto que transmite el Carlos III en un día festivo es casi fantasmagórico, con pasillos a oscuras y apenas un alma, ni siquiera en la cafetería, que los fines de semana y festivos abre sólo hasta las 16.00 horas. Además de un solo médico y un guardia de seguridad que lee distraído en la garita de entrada, los pacientes sí pueden contar en este día del Corpus Christi con los servicios del capellán, según pudo comprobar este periódico, que también pudo deambular libremente por cuartos y consultas en semipenumbra desde el sótano a las plantas.
«Nosotros le hemos enviado una carta al director general de Recursos Humanos de la Consejería, Armando Resinos, para conocer cuál va a ser finalmente la cartera de servicios del centro, porque hemos visto cómo se iban desmantelando algunos de los departamentos que inicialmente nos dijeron que se mantendrían», prosigue la representante de CSI-F. Otro de los celadores, también trabajando este jueves, denuncia «que se están llevando lo que les interesa, como si esto fuese un trastero, y dejando aquí lo que no interesa. Estamos bajo mínimos, con el mismo personal que si hubiese servicios mínimos un día de huelga».
De momento, colgados en las paredes -junto a artículos de EL MUNDO sobre la situación del hospital- ya se pueden leer carteles informativos sobre el próximo inicio de las obras previstas por la Consejería de Sanidad para abrir 116 camas de media estancia en el centro.
Según informaba recientemente el Gobierno de la Comunidad de Madrid -precisamente con el anuncio de estas obras, dotadas con un presupuesto de casi dos millones de euros-, «la integración se viene realizando paulatinamente desde diciembre de 2013, con el objetivo de garantizar la atención sanitaria y la eficiencia del proceso».
Las protestas en el centro no lograron paralizar esta reconversión, como sí ocurrió en La Princesa. Allí la Comunidad de Madrid tenía previsto hacer «un hospital de alta especialización para las patologías de personas mayores», pero la protesta generalizada de los profesionales, a la sazón germen de la marea blanca, consiguió desbaratar esta otra iniciativa del consejero Lasquetty.
Por ahora, La Paz ha asumido ya la actividad del Laboratorio de Urgencias y Microbiología, Pediatría y la UCI del Carlos III, así como parte del servicio de infecciosas. En cuanto a consultas externas, ya se han trasladado Alergología, Endocrinología, Cardiología, Neumología y Reumatología, mientras que permanece en Sinesio Delgado la Unidad de Enfermedades Tropicales.
Como denunciaba recientemente en la revista Médicos y Pacientes el doctor Juan Martínez, pese a la intención de Sanidad de convertirlo en un centro especializado para pacientes mayores, con varias patologías y polimedicados, no cuenta con ningún geriatra en plantilla.
Carmen, menos de 24 horas después de llegar al Carlos III, tiene que ser trasladada de nuevo a La Paz para que un cirujano valore su hernia, porque el especialista de guardia en el Carlos III no está capacitado para ello. «Antes, éramos el segundo hospital mejor valorado por los pacientes en las encuestas de la Consejería», se lamenta suspirando uno de los celadores.
Al salir del hospital en la ambulancia, el autobús número 147 que pasa por la puerta del Carlos III ondea orgulloso dos pequeñas banderitas de España en los retrovisores. Es fiesta en Madrid. Mañana volverán el resto de médicos a estos pasillos.

"Las guardias son las de siempre"

En el Hospital Carlos III ya ni siquiera trabaja la persona que antes hablaba con la prensa. En su lugar, desde el gabinete de comunicación de La Paz aseguran que el centro «no se está desmantelando», que simplemente está inmerso en «un proceso de reconversión» para atender a pacientes de estancia media. ¿Y lo de que haya un médico para todos los ingresados?«Son las guardias establecidas, las mismas de siempre. No ha habido recortes», asegura un portavoz, a pesar de que tres de las seis plantas del edificio de Sinesio Delgado están cerradas, por lo que teóricamente ahora sería necesario menos personal del que había antes.

Fuente: elmundo.es

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