Marea Blanca Aragon

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jueves, 5 de junio de 2014

No es época de cambios, es cambio de época

 

Que lo que vivimos no es una época de cambios sino un cambio de época se percibe con mayor nitidez si cabe en esta semana con la abdicación del rey y las reacciones que le han sucedido.
Es cierto que la sucesión está lo suficientemente regulada en la Constitución, pero a quienes “ni creemos en el origen divino del poder, ni compartimos la aceptación de carisma alguno que privilegie a este o aquel ciudadano por razones de linaje” (Gómez Llorente, en la defensa del voto particular del
PSOE sobre la defensa de la República como forma de Gobierno. 2 de Mayo de 1978) nos “chirrían” las herencias en las jefaturas del Estado. Seguía Gómez Llorente afirmando que “si democráticamente se establece la monarquía, en tanto sea constitucional, nos consideramos compatibles con ella”.
Y así ha sido. el PSOE ha respetado un pacto constitucional que ha permitido afianzar la democracia en España y llevarnos a cotas de bienestar y progreso que nuestros abuelos nunca soñaron.
Pero no es menos cierto que la Constitución no es inmutable y que cada vez parece más claro que la Carta Magna ha cumplido un ciclo, y al más que evidente debilitamiento del Estado Social, se suman ahora la crisis del modelo territorial y el descrédito de las instituciones que exigen que nos pongamos manos a la obra sin más dilación.
La Constitución se redactó, vivió y sirvió como instrumento para garantizar un Estado Social que hoy está claramente en cuestión, con unos cuatro millones de españoles y españolas que no ingresan ni un euro a fin de mes, con más de 700.000 hogares en los que no entra ni sueldo alguno, ni prestaciones, ni ayudas de ningún tipo, y con una generación entera que asume que vivirá peor que sus padres.
El instrumento que permitió poner en marcha mecanismos para acabar o corregir las desigualdades está ‘roto’. No se puede hablar de otra forma de un sistema que lleva a que los chicos y chicas, los hijos de trabajadores y trabajadoras, no puedan llegar académica y, por lo tanto, profesionalmente al máximo de sus capacidades, sino al máximo que sus padres puedan pagar. Un sistema que permite que los mayores dejen de tomar las medicinas que necesitan y sólo tomen las que pueden pagar… Es evidente en este escenario, que el pacto social está resquebrajado; es evidente que en estos años han roto ese pacto del Estado Social.
La Constitución ha cumplido una misión histórica. Pero 36 años después, y con consensos agrietados, como queda patente también en el diseño territorial, debemos abrir un proceso de reforma sin miedo, que aborde todas las cuestiones. También, la de la jefatura del Estado.
Los menores de 57 años no pudieron votar la Constitución. Lo que significa que se suman ya al menos dos generaciones que no han podido dar su opinión en este asunto clave. Y es el momento de que la sociedad en su conjunto, las nuevas generaciones de las que hablaba el Rey, desde luego, elijan en qué modelo de sociedad quieren vivir.
Es el momento también de hablar de la jefatura del Estado. No se proclama la República en una plaza, o en el balcón de tu vivienda aprovechando que el rey abdica. Vivimos (afortunadamente) en una democracia con una Constitución vigente, pero tampoco se dice “esto no se toca” o “de esto no se habla”. Ya está bien; debate reflexivo sí, pero debate.
Una nueva generación del PSOE debe comprometerse a poner en hora la Constitución y hablar de todos los temas con responsabilidad, sí, pero con coherencia con nuestras ideas y principios que son netamente republicanos.
No se trata de la Ley Orgánica de artículo único que dice: 1, El Rey abdica; 2, La abdicación se hará efectiva cuando se publique la ley en el BOE. No se trata sólo de un problema técnico del artículo 57.5 de la C.E. Se trata de un problema político mayúsculo: la sociedad ha cambiado, España ha cambiado y esto no se resuelve con inmovilismo, ni con repetir “no hay consenso” como un mantra que sólo pretende cerrar un debate. Porque esa cuestión va a más, y no se va a detener exclusivamente con la llegada al trono de Felipe VI.
Soy consciente de que la República no es la solución a los problemas reales de la gente, pero también lo soy de que es falso aquello de que la Monarquía es la garante de la democracia y la concordia. De manera que la reforma de una Constitución que ha cumplido un ciclo debe ser profunda. Y el PSOE no puede ni debe renunciar a defender sus ideales republicanos que le llevaron, ya en el 78, a plantear un voto particular en defensa de la República.

Fuente: elplural.com


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