Marea Blanca Aragon

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jueves, 17 de julio de 2014

Gestión Clínica: mucho por hacer

  En el último avance de la Revista Madrileña de Medicina, su director analiza el debate abierto en torno a la Gestión Clínica, al tiempo que expone el fundamento de la misma y los objetivos, ajenos a la privatización asistencial.



El ruido de fondo sobre Gestión Clínica en la sanidad española no para de crecer. Por un lado, porque el proceso derivado del Acuerdo entre el Ministerio de Sanidad y el Foro de la Profesión Médica sigue su curso, y el Gobierno está trabajando ya en una regulación común para todo el territorio español; por otro, porque algunos sectores radicales de la sanidad utilizan el tema para desprestigiar y
atacar lo conseguido en el proceso de convergencia de las organizaciones profesionales médicas, un hito importante que podría estar abriendo un futuro de liderazgo profesional médico en la Sanidad española.
Más allá de todo este ruido, el tema de la Gestión Clínica (GC) merece una atención más detenida, como la que le venimos dedicando en estas páginas. Sin exabruptos ni extremismos, venimos analizando los claroscuros entre los que la GC, como cualquier otra realidad social, se mueve. Y hoy traemos aquí dos aspectos importantes, que merecen un análisis detenido: la posibilidad de implantar la GC dentro del marco sanitario público actual, y la necesidad de cambiar algunas inercias del mismo para hacer posible, de verdad, una gestión clínica basada en los profesionales.

Interés en vincular con privatización del sistema

Son varias las voces interesadas en vincular GC y privatización del sistema sanitario. Y, curiosamente, nada próximas entre sí:
  • Por un lado, los iluminados de la sostenibilidad del sistema sanitario vía privatización. La necesidad, dicen, de reducir costes hace que sea necesario organizar la atención sanitaria mediante criterios de mercado, con los profesionales adquiriendo responsabilidad presupuestaria sobre su actividad. Si bien esto último es necesario en cualquier sistema sanitario, lo que no queda tan claro es que sean los profesionales quienes deban cargar con los desequilibrios que la utilización política de la Sanidad produce en esta última. La clase política no quiere asumir en público ninguna acción de racionamiento sanitario, y esta vía les abre la posibilidad de racionar, quedando ocultos detrás de los profesionales y sometiendo a éstos a una presión que no les corresponde (recordemos que ya tiene bastante incertidumbre el campo de la Medicina como para incrementar exponencialmente la dosis de la misma introduciendo incertidumbre adicional). Esta intención privatizadora claramente expresada en diversos foros hace que, desde las campañas contra la privatización, se tema (de una forma totalmente comprensible) que la Administración pueda querer utilizar, en algún momento, los procesos de GC como antesala de un nuevo intento privatizador de la asistencia sanitaria.
  • Por otro, sectores del ámbito sanitario que temen que un mayor grado de autonomía profesional devuelva a los profesionales un liderazgo reforzado dentro del sistema. Aquí, de lo único que se trataría es de obstaculizar cualquier intento de obtener ámbitos propios de actuación y negociación más acordes con la responsabilidad que los profesionales tienen y asumen dentro del sistema sanitario.

Reconocimiento papel del médico

Como se puede ver, se trata de visiones un tanto sesgadas y con intereses muy diferentes a los que los médicos, como profesionales sanitarios, pueden tener en torno al tema, y que van en la línea de un mayor reconocimiento de su papel dentro de la asistencia sanitaria. De ahí que sea importante el impulso que el Foro de la Profesión Médica le está dando al tema, y que más importante aún sea su apuesta por desarrollar la GC dentro del sistema sanitario público que conocemos, porque, al fin y al cabo, la GC no sería más que una nueva forma de gestionar la interfase entre lo sanitario y lo clínico, independientemente de la configuración institucional de que se parta, y por ello sus principios podrían ser perfectamente aplicables a la Sanidad pública.
Otra cosa es que eso sea fácil, por supuesto. El sistema sanitario público cuenta con rigideces que dificultan la introducción del nuevo paradigma, en el que la participación y liderazgo de los profesionales es fundamental. Por eso, el primer obstáculo a salvar es la actual existencia de un contenido normativo y regulador común para todo el personal de las instituciones sanitarias que no respeta la responsabilidad y peculiaridades de la labor auténticamente profesional. Pero además habría que vencer algunas inercias del propio sistema que se han ido contagiando a sus diversos agentes.

Gestión y configuración de los servicios

La gestión clínica parte de la necesidad de reconocer el protagonismo de los profesionales en la gestión de los recursos sanitarios y de contar con su participación en la configuración de los servicios. Sin embargo, esto no se satisface si tan sólo se está pensando en “algunos” profesionales, precisamente en los que pudieran cubrir los puestos de direcciones y jefaturas clínicas. No se trata de sustituir la sumisión de los médicos a una oligarquía administrativa por la misma sumisión de la mayoría de los médicos a unos pocos privilegiados que vendrían a configurar una oligarquía médico-gestora que, de nuevo, impidiera una auténtica responsabilización del conjunto de los médicos. Desgraciadamente, incluso en los intentos de ir avanzando en la línea de la GC, hemos podido observar comportamientos un tanto autoritarios de médicos que decían defender el protagonismo profesional en la gestión sanitaria.
Es necesario trabajar por una implicación real de los profesionales en la organización y gestión de los servicios, pero de todos los profesionales, y comenzar a configurar una conciencia profesional, y unas estructuras sanitarias, mucho más horizontales y participativas. Salir del modelo vertical de organización hospitalaria, por ejemplo, donde la verticalidad se vive no sólo entre dirección y jefes de servicio, sino también, y sobre todo, entre los médicos jefes de servicio y el resto de médicos y profesionales del mismo, es una necesidad. Y limitar la duración y la dependencia política de los puestos de jefatura, e integrar esta responsabilidad entre las muchas que tienen los profesionales, incluso (como se desprende del modelo holandés) asumiendo de forma sucesiva la jefatura diferentes médicos en distintos momentos de su trayectoria profesional, sería todo un hito en esa dirección, por mucho que hoy nos parezca casi impensable. ¡Cuántas situaciones de injusticia, por no decir de semi-esclavitud profesional, que están cercenando las trayectorias profesionales de muchos médicos, podrían evitarse de esta manera!

Nueva relación con la Administración

Pero también hace falta desarrollar una nueva relación entre Administración y profesionales sanitarios que parta de la confianza y de la sintonía mutua. Si es verdad que los profesionales no deben despreocuparse de la dimensión económica de su actividad, también es verdad que la Administración no debe desentenderse del contenido sanitario de la Sanidad, mirando sólo al coste o a la imagen proyectada sobre la Sanidad. Los intereses de unos y de otros deben estar alineados, y en esto es bastante cierto que tiene más camino por andar la Administración que los médicos. De ahí que desde nuestras organizaciones, a través del Foro, estemos exigiendo que los sistemas de evaluación se basen en resultados sanitarios, y no económicos, y que los incentivos no se basen en el ahorro, sino en los criterios de buena práctica clínica. Y es bastante probable que los ciudadanos tengan la misma perspectiva.
Mucho camino por andar. Mucho. La prisa es mala consejera, pero de lo que no hay duda es de que habrá que ponerse en marcha alguna vez. Y éste puede ser el momento.

Fuente: actasanitaria.com


 

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