Marea Blanca Aragon

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lunes, 8 de diciembre de 2014

Pilar, Laura, Carmen, Lorena


Llevas tantas horas, días y semanas metida entre estas cuatro paredes que hasta tu humor ha cambiado de color. Es tanto el tiempo de espera que ya no sabes cómo acomodar tu cuerpo en una
cama que aunque parezca muy cómoda ya solo te produce dolor. El camino hasta el baño se te hace tortuoso aunque solo sean tres metros. Te molesta la luz y te incomoda la oscuridad. El chasquido de la puerta te produce un sobresalto y el suave murmullo del pasillo te da dolor de cabeza. Te has quedado sin fuerzas con tanto cable y tantas agujas, pero aprietas la mano con ganas mientras cuentas en voz muy baja que los calmantes empiezan a hacerte efecto. Has llegado hasta aquí con 74 años, pero en un mes te han caído unos cuantos más. Lo dicen tus ojos, tus desaparecidos mofletes y sobre todo el tono de cada una de tus frases sin rastro de entusiasmo estos días. Tus músculos se han rendido y acompañan a tu ánimo, que se ha batido en retirada.
Materia sensible
Mientras esperamos su vuelta, tú te guardas las sonrisas que te quedan para Pilar, Laura, Carmen, Lorena... Ellas llevan ya muchas horas trabajando. A pesar de tener un sueldo muy poco agradecido, tienen más paciencia que un santo. Te miden la temperatura, la saturación de la respiración y la tensión varias veces al día. Revisan una y otra vez con mimo los hinchados tobillos que hace ya tiempo que perdieron su forma habitual. Te ponen y te quitan las vías sobre la piel amoratada de tanto pinchazo. Antibiótico, suero, calmante y vuelta a empezar. Cambian las sábanas de la cama, reorganizan las mantas, recogen los restos de vendas y gasas. Entran con bandejas llenas y salen con ellas vacías. Bandejas de comidas, desayunos y meriendas. Gestos cotidianos para todas ellas pero que intentan personalizar, conscientes de que entre sus manos hay materia sensible. Muy sensible. Y entre cada uno de todos esos movimientos siempre aparece una broma sobre lo que pasará cuando salgas del hospital, «iremos a Cuba o a visitar mi pueblo de La Mancha», un gesto de cariño, una caricia en el hueco de la mano que queda sin agujas, una palabra de ánimo para ti y para los que estamos a tu alrededor.
Podría seguir escribiendo sobre estas semanas al lado de la mujer más importante de mi vida. Pero hoy les toca a ellas: a Pilar, a Laura, a Carmen, a Lorena... A ellas y a quienes se dejan la piel aun sin saber si el mes que viene su contrato eventual será renovado o se quedarán sin trabajo. Hoy estas letras son para quienes llevan así años y años, con el mismo empleo inestable pero con la misma entrega y dedicación. Unas cuantas frases para darles las gracias por representar tan dignamente eso que tanto repetimos, eso de «sanidad pública». Y sobre todo, gracias por hacerme sentir orgullosa del país en el que vivo.

fuente: elperiodico.com

 


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