Marea Blanca Aragon

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jueves, 23 de abril de 2015

Medicamentos falsos, la última pandemia

Casi la mitad de los habitantes del planeta viven en peligro por el consumo de medicinas adulteradas

Estas son las revelaciones de la revista científica The American Journal of Tropical Medicine and Hygiene

 

Más de 4.000 millones de personas —aproximadamente la mitad de la población mundial— viven en países donde las medicinas no son eficaces debido a su falsificación o a una fabricación de inferior calidad. Esta pandemia de medicinas falsas o adulteradas condena sin el tratamiento adecuado a
enfermos que padecen serias enfermedades. Algunos estudios calculan que la proliferación de medicamentos falsificados supone un negocio criminal que alcanza ganancias de hasta 75.000 millones de dólares al año.

Para dar a conocer el alcance de este grave problema mundial y su repercusión en la salud pública, la revista científica The American Journal of Tropical Medicine and Hygiene (AJTMH), ha presentado este lunes un suplemento especial titulado La Pandemia global de los medicamentos falsificados: Novedades en el laboratorio y sobre el terreno y perspectivas políticas (The Global Pandemic of Falsified Medicines: Laboratory and Field Innovations and Policy Perspectives), en el que se recogen diecisiete trabajos sobre medicamentos falsos y adulterados, firmados por investigadores y especialistas en la materia.

La presentación del suplemento se llevó a cabo en el transcurso de una rueda de prensa celebrada en la Chapel Hill’s Gillings School of Global Public Health, de la universidad de Carolina del Norte, Estados Unidos. El suplemento recoge los resultados de los trabajos de campo realizados en distintos países de África y Asia y las técnicas más innovadoras para la detección de medicinas falsificadas. Esta publicación pretende también abrir un debate sobre la creación de un tratado internacional para el control de medicamentos, similar a las medidas de control del consumo del tabaco, como un modelo para combatir esta pandemia.

En la última década, muchos estudios han resaltado el impacto negativo que producen estos medicamentos de poca calidad. La fabricación y distribución de este tipo de fármacos incrementa la mortalidad y la morbilidad de personas con enfermedades, destruye la confianza de la población en el sistema de salud y es muy probable que contribuya a la aparición de resistencias, lo que amenaza los esfuerzos de control y eliminación de enfermedades infecciosas como la malaria. Estas resistencias se producen, entre otros motivos, al aplicar a los microorganismos dosis de principio activo por debajo del índice terapéutico.

Qué es un medicamento falso

“Aunque se han hecho muchos intentos, todavía no se ha llegado a un consenso global sobre las definiciones de las medicinas falsas o las de calidad inferior”, afirma el profesor Paul Newton, director de la Lao-Oxford-Mahosot-Wellcome Trust-Research Unit (LOMWRU) de Vientiane (Laos), responsable del Grupo de Calidad de Medicamentos antimaláricos de WWARN y uno de los máximos especialistas en la materia.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), por su parte, los define con el rebuscado acrónimo en inglés de SSFFC (Substandard/spurious/falsely-labelled/falsified/counterfeit medicines). Este término recoge tanto las medicinas cuyas etiquetas contienen errores porque son producidas con intención de engaño (spurious/falsely-labelled/falsified/counterfeit) como aquellas que se producen por errores y negligencia en la fabricación (substandard). La salud pública debería ser la primera consideración para definir estos medicamentos falsificados, dejando a un lado los matices relativos a la propiedad intelectual. La definición es importante puesto que el origen y la solución de las medicinas falsificadas o los fármacos de calidad inferior son diferentes. Mientras que la falsificación es un negocio criminal perseguido por instituciones como Interpol o los órganos policiales de cada país, las medicinas de calidad inferior se producen por la falta de los controles de calidad necesarios en la fabricación de los medicamentos, controles que son competencia de los organismos de regulación de medicamentos.

El principal problema para poder controlar eficazmente la calidad en la fabricación de los medicamentos reside en el coste de la puesta en marcha de la infraestructura de laboratorios necesaria y de la constitución de los organismos de regulación para la monitorización de la calidad de las medicinas. La OMS estima que el 30 por ciento de las agencias del medicamento en todo el mundo no tienen capacidad funcional. Muchos países en vías de desarrollo no tienen suficientes recursos financieros o humanos para llevar a cabo los estrictos controles de calidad necesarios. Precisamente, uno de los últimos trabajos que hemos llevado a cabo con WWARN ha sido la revisión de las guías y protocolos de muestreo de medicamentos falsos de la OMS.

Investigación en Laos

Uno de los 17 trabajos incluidos en este suplemento recoge un estudio, del que soy autora y en cuyo diseño y coordinación científica he participado, sobre el cambio de la prevalencia de medicamentos falsos contra la malaria en Laos en la última década. El trabajo se realizó bajo la dirección del Grupo de Calidad de Medicamentos antimaláricos de la WorldWide Antimalarial Resistance Network (WWARN), de la Universidad de Oxford, Reino Unido y la Lao-Oxford-Mahosot-Wellcome Trust-Research Unit (LOMWRU) de Vientiane, Laos.

El grupo investigador confirmó que, gracias a la puesta en marcha de diversas estrategias para combatir la amenaza de los medicamentos falsos desde 2003, se ha registrado una disminución significativa en la venta y distribución de estos fármacos tan perjudiciales Laos.

Una encuesta sobre los medicamentos antimaláricos realizada en 2003 encontró que el 84% del Artesunato muestreado –un antipalúdico frecuentemente usado en aquel momento– no contenía el principio activo adecuado. La misma encuesta, repetida en 2012, constató que todos los fármacos antimaláricos examinados contenían el principio activo correcto. Un triunfo en la batalla de este país asiático contra las medicinas falsas contra la malaria.

Además, en este periodo de nueve años se han producido en Laos numerosos cambios que han permitido que muchas personas que viven en las regiones más aisladas del país tengan un mejor acceso a los servicios de salud y a tratamientos de malaria más seguros. Las estrategias de control de los medicamentos, el desarrollo de sistemas para garantizar la calidad de los mismos, junto con un mayor conocimiento y educación sobre los medicamentos adulterados, han jugado un papel fundamental en la disminución del comercio de estas medicinas tan dañinas.

A pesar de todo, aunque todas las muestras analizadas en 2012 no presentaban evidencia de falsificación, más de la cuarta parte de los antimaláricos estudiados habían sido deficientemente fabricados o habían empezado a degradarse. Esto puede producirse por un almacenaje poco adaptado a las altas temperaturas tropicales. Además, la mayoría de las medicinas recogidas eran cloroquina, considerada ineficaz contra el tipo de malaria (Plasmodium Falciparum) prevalente en la zona.

“Las medicinas de calidad deficiente son un grave problema internacional”, opina el Profesor Philippe Guérin, Director de WWARN. “Esta investigación demuestra que Laos ha tenido éxito en su respuesta a esta amenaza en la última década, pero queda mucho trabajo por hacer a nivel global. Necesitamos trabajar en colaboración con los gobiernos, los profesionales de la salud, los donantes y las ONGs para asumir la verdadera magnitud del problema y desarrollar estrategias realistas si queremos poner fin a este problema. Por todo ello, este suplemento que acaba de ser presentado intenta captar la atención de los políticos y los dirigentes”.

Se necesita voluntad política

Aunque hay evidencia de que, especialmente en países en vía de desarrollo, una gran cantidad de las medicinas consumidas son de poca calidad, los esfuerzos realizados para abordar el problema han tenido resultados muy poco tangibles, si lo comparamos con la importancia del problema, principalmente porque los programas han sido ejecutados con lentitud, de forma fragmentada y con muy poca financiación. La comunidad internacional debería actuar con mayor rapidez para llevar a cabo intervenciones que protejan la distribución de medicamentos a nivel global.

Por otra parte, la capacidad limitada de monitoreo en países en vías de desarrollo tiene como primera consecuencia que todavía esté por conocerse la verdadera magnitud del problema. Se necesita voluntad política y visión de futuro de los gobiernos y donantes para demostrar que la inversión para aumentar la capacidad de análisis de la calidad de los medicamentos a través de organismos gubernamentales y policía podría ahorrar mucho dinero. Ahora mismo esto no parece ser una prioridad debido a su alto costo.

Los inspectores de farmacia en muchos países en desarrollo no tienen los instrumentos necesarios para detectar y analizar adecuadamente las medicinas de calidad dudosa. Es urgente y necesario que las nuevas técnicas lleguen a estos países, que les resulten accesibles y, como ha ocurrido en países más ricos, que tengan el poder necesario para que la inspección rutinaria de medicinas figure entre las más altas prioridades de salud pública.

Con el objetivo de entender la prevalencia de medicamentos falsos y adulterados a nivel global y estudiar el impacto de estos medicamentos en la resistencia y, por lo tanto, en la salud de los pacientes, el Grupo científico de WWARN, ya realizó una extensa revisión bibliográfica para conocer la epidemiología de estos medicamentos y a través de bases de datos representó la información online. La aplicación del mapa llamado AQ Surveyor puede encontrarse en Internet.

AQ Surveyor es la primera base de datos global que compila todos los artículos públicamente disponibles sobre la calidad de los medicamentos falsos contra la malaria de los últimos 60 años. El equipo científico mantiene la esperanza de que esta herramienta pueda servir como una seria llamada de atención sobre este escandaloso problema.

Fuente:elpais.com

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