Marea Blanca Aragon

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sábado, 1 de agosto de 2015

Las residencias de mayores

 Hay que lograr que cada vez sean menos necesarias las camas psiquiátricas, pero sin desvirtuar esa tarea

 "Para cada problema complejo hay una solución simple, clara y equivocada".

Henry L. Mencken.

 CARMEN FERRER

En fecha reciente hemos asistido al drama de la muerte de ocho personas en una residencia de mayores, que ha conmovido temporalmente a la opinión pública y que al parecer va a dar lugar a una inspección sobre la situación de las residencias para mayores en Zaragoza --situación que no debe ser muy diferente de la del resto del Estado--.

Como suele suceder en estas desgracias, no hay una única causa. Los sucesos que acaban en muertes, en muchos ámbitos, tienen que ver con un cúmulo de errores, de factores de riesgo no evaluados, de ineficacias y de prácticas inadecuadas, aunque se intente siempre situar la culpa en algún único lugar, a ser posible individual y poco conflictivo.

En el drama que nos ocupa hay, al menos, un grave descuido de la administración en su labor de control de las instituciones destinadas a mayores. Pero en este caso se buscaron también causas únicas y fáciles para explicar el suceso, que después fueron respetuosamente silenciadas, en aras a evitar la estigmatización que podía suponer el designar como causante a una persona con un trastorno mental. Silencio que no elude cuestiones de las que es importante tomar conciencia.

Es discriminación y estigma atribuir una desgracia multicausal a una ciudadana enferma. Pero la prensa de estos últimos días daba cuenta de algo más discriminatorio y estigmatizador: el hecho de ingresar a una persona con una enfermedad mental en una residencia de forma involuntaria --la garantía legal de la autorización judicial no implica que la persona se sienta menos limitada en su autonomía--, sin recibir la atención especializada que necesita, junto con 18 ancianos, varios de ellos con sujeciones, atendidos por una sola cuidadora, en un lugar sin licencia de apertura ni plan de evacuación.

Recibir la atención especializada que precisa no es, como también plantea en la prensa la defensa de la residencia, estar adecuadamente medicada, salida fácil en una sociedad en la que la medicalización se propone como la respuesta a tantos problemas. Es estar atendido por equipos técnicamente solventes capaces de ofrecer no solo medicación, sino una atención psicológica y rehabilitadora adaptada a sus necesidades. Es un hecho aceptado que la crisis económica ha vaciado las residencias, las pensiones de las personas mayores han vuelto a ser necesarias para mantener a la familia y las mujeres expulsadas del mercado laboral han vuelto a casa a cuidar de sus familiares.

Fuente: elperiodicodearagon.com

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