sábado, 6 de agosto de 2016

Unidades de Gestión Clínica


Las Unidades de Gestión Clínica (UGC) son una herramienta para la gestión que en malas manos supone la disgregación del sistema de salud y abre la puerta a la privatización de nuestros hospitales.


Gestion-Clinica-opinion

La Gestión Clínica es una nueva forma de organizar el trabajo en hospitales y centros de Atención Primaria, buscando una mayor implicación de los profesionales, sobre todo médicos, en la gestión, pues de ellos depende la mayoría de las decisiones clínicas relacionadas con el gasto, como son la receta de medicamentos, peticiones de pruebas diagnósticas, indicación de procedimientos quirúrgicos, derivaciones a especialistas, duración de los ingresos, etc.

La Consejería de Sanidad publicó el Decreto 57/2014 sin ningún pacto con las organizaciones sindicales, sin acuerdo con el resto de formaciones políticas y a espaldas de la ciudadanía, que debe conocer y participar en las decisiones que afectan a su salud. De esta manera se encontró la Administración con una oposición social importante y un desprestigio de las UGC por su mal hacer. ¿Por qué?

El modelo lo basa en el reparto de incentivos económicos sin especificar: ¿qué se va a incentivar?, ¿por qué se va a incentivar?, ¿a quién se va a incentivar? y, sobre todo, qué beneficio en salud para los ciudadanos y pacientes se va a incentivar.

Los objetivos que los profesionales deben cumplir para recibirlos no tienen nada que ver con la calidad asistencial. Lo que prima es el gastar poco, derivar poco al especialista y mantener poco tiempo ingresados a los pacientes.

La evaluación, tanto la realizada en las unidades pilotocomo en las futuras que se implanten, se basa en la autoevaluación o registros de la propia UGC, sin una auditoría externa que verifique los resultados.

La participación de todos los profesionales debe ser directa, y la elección del director de la UGC no puede recaer en la Gerencia de turno -que busca al más afín o más modelable-, siendo los poderes de este director casi absolutos, pudiendo modificar horarios, turnos de trabajo, asignar tareas, establecer objetivos individuales, sin ningún control ni regularización, cuando sabemos que lo que no está regulado permite discrecionalidad y de ésta a la arbitrariedad hay un corto paso.

Este decreto abre la puerta a la colaboración público-privada, que casi siempre termina perjudicando a lo público en beneficio de lo privado.

Una herramienta de gestión no puede utilizarse perversamente para dinamitar el Sistema Público de Salud.

Fuente : saludadiario.es

 

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