Marea Blanca Aragon

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viernes, 9 de enero de 2015

Detenidas 49 personas de una red de tráfico ilegal de medicamentos

Entre los detenidos por la Guardia Civil hay 12 farmacéuticos.

Se han efectuado registros en Barcelona, A Coruña, Lugo, Valencia y Madrid

 

Fue una asociación de padres de niños con cáncer de Madrid la que dio la voz de alarma. Las familias no encontraban en las farmacias mercaptopurina, un fármaco para tratar la leucemia. Denunciaron, y el resultado de la investigación que inició la Guardia Civil se ha conocido hoy: 49 detenidos de una
red de tráfico ilegal de medicamentos. La operación Noisa ha incluido también registros en farmacias y en seis almacenes por toda España: Madrid, Barcelona, Coruña y Lugo.
Los detenidos formaban parte de una red que se dedicaba a lo que se conoce como "comercio inverso de medicamentos". Consiste en comprar a las oficinas de farmacia, que por ley solo pueden dispensar medicamentos al público, grandes cantidades de envases, para después venderlos a países extranjeros a un precio superior. Como ejemplo de los márgenes de beneficio que supone este comercio, la Guardia Civil ha explicado esta mañana que si un envase de mercaptopurina cuesta 6,3 euros en España, donde los fármacos tienen fijado un precio máximo, en otros países europeos alcanza los 50 euros.
Los medicamentos que la red vendía a mayoristas extranjeros llegaban a farmacias de Holanda, Dinamarca, Bélgica y Reino Unido, donde pasaban previamente por un reetiquetado. Se trata en general de compuestos sin alternativa terapéutica y con una elevada demanda, como inmunosupresores para pacientes trasplantados, anticancerígenos o anticonvulsivos.
En los registros efectuados, en Barcelona, A Coruña, Lugo, Valencia y Madrid, se han incautado gran cantidad de fármacos, entre los que se encuentran más de 1.200 envases de medicamentos psicotrópicos, un revólver, 60.000 euros y 4.000 dólares --más de 3.300 euros--, numerosa documentación, equipos informáticos y seis vehículos de alta gama. Igualmente se han intervenido numerosas cuentas corrientes y otros productos financieros.
Los detenidos están acusados de delitos de organización criminal, contra la salud pública, y contra la hacienda pública. El comercio inverso de fármacos no es un delito en sí mismo, pero sí lo es almacenar medicamentos sin control. Fuentes de la investigación han explicado a EL PAÍS que durante los seguimientos descubrieron cómo la red mantenían en almacenes los fármacos preparados para exportar durante días a altas temperaturas.
De los 49 detenidos, 12 son farmacéuticos. Algunos de ellos "no eran conscientes de la ilegalidad", ha señalado un portavoz de la Guardia Civil. Otros, en cambio, formaban parte de la trama.

Un mercado muy regulado

Emilio de Benito
El mercado farmacéutico es de los más regulados. No solo por su importancia para la salud pública, sino por su impacto en las cuentas de la Administración, que es el principal cliente (gasta unos 16.000 millones al año en fármacos). Esta situación de fuerza en el comprador hace que cada precio se negocie entre los laboratorios y el Ministerio de Sanidad, y que se fije un máximo para cada uno.
Todo está establecido: lo que se paga al fabricante, el margen del distribuidor, el de la farmacia y, por supuesto, los impuestos. En total, lo que el laboratorio vende a 100 llega al consumidor a 156,2.
Pero eso no quiere decir que una fábrica de medicamentos española venda todas las cajas del mismo producto al mismo precio. Una cosa es el fijado por el Estado para las compras dentro del país, y otra lo que se cobra a los distribuidores cuando se va a exportar. El motivo es que un laboratorio no quiere hacerse la competencia a sí mismo. La diferencia del precio de un fármaco entre países de la UE —donde hay libertad de circulaciónde mercancías— puede ser de 1 a 20. Y los importes en España suelen estar en la parte baja de la horquilla. Por eso un laboratorio puede cobrarle al distribuidor 10 euros por la caja de un fármaco que va a ser vendido a farmacias españolas, pero 40 si lo va a exportar.
Así evitan que su fábrica española, que vende a 10, compita con la francesa, que lo hace a 30. El comercio inverso se aprovecha de esa diferencia de precios entre países para hacer negocio. Una distribuidora que compra a 10 tiene que vender en España a 10,6. Pero si desvía ese producto y lo envía a Alemania puede ingresar 30, por ejemplo.

Fuente: elpais.com

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