Marea Blanca Aragon

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jueves, 15 de enero de 2015

Sorpresa con la reapertura de la Unidad de Congelación en el Hospital San Jorge


La noticia de la apertura en el Hospital San Jorge de Huesca de la Unidad de Congelaciones y Patología de Montaña ya ha creado opinión en algunos facultativos como es el caso de la doctora María Antonia Nerín. La misma entiende que ya se presentó desde el Hospital Clínico “Lozano Blesa” este proyecto por escrito al Salud y al Gobierno de Aragón en 2011 y en 2012 para que se
diera carta de reconocimiento a la Unidad de Medicina de Montaña y Congelados, incluyéndola en su carera de servicios, que funcionaba desde la creación del Hospital Clínico y que había estado coordinada por el doctor José Ramón Morandeira.

“Durante más de 35 años esta Unidad del Hospital Clínico atendió a decenas de congelados y expediciones a altas montañas, acumulando una experiencia y un saber que lejos está de las pretensiones de la actual Unidad creada en el Hospital San Jorge que parece “calcada” en muchos aspectos del proyecto que se presentó en su día desde el Hospital Clínico”, ha remarcado Nerín.

“El prestigio conseguido en este campo por el Hospital Clínico rebasó nuestras fronteras, llevándolo a ser considerado como hospital de referencia en todo el Estado Español, Europa y Sudamérica para el tratamiento de las congelaciones, patología de la que cuenta con centenares de casos”, ha explicado la médico que ahora presta servicio en el hospital francés del Pirineo.

Además, según Nerín, se ha realizado el estudio y control médico de más de una veintena de expediciones a las montañas más altas del mundo, entre los que se incluyen casos tan singulares y específicos como la estancia de Fernando Garrido en la cima del Aconcagua donde batió el récord mundial de permanencia en altura. Todo lo cual ha sido motivo, además de las publicaciones, de la celebración de varios Congresos Nacionales específicos sobre Medicina de Montaña, de uno internacional y de la única reunión celebrada en España por la Comisión Internacional de Socorro Alpino (CISA-IKAR), máxima autoridad mundial en todo lo relativo a la asistencia a los accidentados en montaña, así como del desarrollo del primer Máster de Medicina de Montaña del mundo, con más de trescientos cincuenta alumnos matriculados en sus dieciocho años de andadura.

La médico destaca que “cuando la Unidad de Medicina de Montaña era una realidad en la práctica diaria, cuando gozaba del prestigio y reconocimiento nacional e internacional, los políticos responsables no sólo dieron la espalda a su inclusión en la cartera de servicios del Salud sino que permitieron su extinción en 2012. Los mismos que ahora apoyan su creación en un centro que tiene escasa trayectoria y experiencia en estos asuntos, permitiéndose decir que los profesionales del San Jorge ya colaboraban con la unidad anterior, nada más lejos de la realidad. Ni qué decir tiene que el doctor Morandeira no estaba de acuerdo en que el Hospital San Jorge recogiera el testigo de la Unidad a la que dedicó buena parte de su vida y esfuerzo, desde la que atendía a los montañeros y montañeses, coordinaba los Cuemum (Cursos Universitarios de Medicina de Urgencia en Montaña)”.

María Antonia Nerín entiende que para atender a los congelados hacen falta un médico con formación y experiencia en patología de montaña, cuidados continuados de enfermería, una gammagrafía ósea y, en caso de necrosis del hueso, un traumatólogo que realice las amputaciones. Es extremadamente inusual el que se precise la colaboración de la unidad de cuidados intensivos o de cirugía vascular.

Según la facultativa, para abordar la patología de la altitud hay que tener una nutrida experiencia en expediciones en las que se hayan atendido a muchos pacientes, no basta con haberse “paseado” por las montañas; más aún cuando esa atención se hace a distancia, mediante telemedicina, sin ver ni explorar a los enfermos, porque hay que haber desarrollado ese sexto sentido de los “patrones aprendidos”.

“Este tipo de actuaciones fruto de los amiguismos y afán de protagonismo son, cuando menos, lamentables. Más aún, cuando pretenden mostrarse como pioneros o innovadores de unas iniciativas, servicios o tratamientos que hace muchos años que se han estado prestando desde el Hospital Clínico Lozano Blesa, intentando “subirse al carro” del prestigio alcanzado por otros. Estamos, en versión más literaria, en aquello de Unamuno para manifestar su desencanto con el ambiente humano que le rodeaba, “¡Qué país, qué paisaje, qué paisanaje!”, concluye la médico.

Fuente: diarioaragones.com

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